The Urban Roosters

EL RESPETO COMO QUINTO ELEMENTO

Las batallas de freestyle surgieron para cubrir una necesidad y eso no se puede negar. Así como el Hip-Hop surgió en un ambiente de malestar social que se estaba cayendo a pedazos, para denunciar y transformar ese odio en arte, también se convirtió en una Institución tal, que para llamarle a un género «Hip-Hop» es necesario cubrir cuatro aspectos artísticos básicos. Por un lado, se requiere de un Dj que amenice la fiesta, se necesita de un Mc que dirija la orquesta, el B-boy que domine la pista y demuestre sus habilidades corporales para despertar sensaciones y, por último, pero no menos importante, el grafitero que utiliza como lienzo cualquier espacio donde pueda proyectar su arte.
Estos cuatro elementos combinados jugaron el papel de denuncia, pero también de escape. Denuncia porque era una manera de protestar la injusticia social y escape porque ante tal situación que vivían, acudir a una fiesta representaba un alivio, un respiro de los problemas que los oprimían. Los años pasaron y de ser un movimiento underground se convirtió en moda para después ser un género que se toca en antros o fiestas donde los asistentes pertenecen a un nivel económico medio cuando mínimo. De ser un grito de guerra pasó a ser un sonido común que se pierde entre tantos ritmos como el reggaetón o el trap.
Por supuesto que estoy hablando del lugar en donde nació, los Estados Unidos.
Si volteamos hacia Latinoamérica o Europa, por el tiempo que tardó en llegar el género sucedió lo mismo que con la globalización. Mientras que algunos países de primer mundo han sido testigos del fracaso que representa el neoliberalismo, otros países como México que es tercermundista, apenas van entendiendo la dinámica del capitalismo. Así con el Hip-Hop, mientras que hay quienes se rasgan las vestiduras por enunciar que «The real hip-hop no suena en la radio mijo» tal como dijera Lil Supa, me parece que han llegado un poco tarde al género quienes apelan que el Hip-Hop nació, creció y morirá en la calle, frase de Skool 77.
Yo soy amante de aquellas letras profundas y crudas que demuestran el underground que se vive en cada país, ciudad o colonia. Pero también tengo claro que nadie tiene claro qué es actualmente el Hip-Hop.
Mientras que en Estados Unidos se convirtió en una industria, de hecho, los reportes de la revista Billboard señalan que, en el 2017, el hip-hop oficialmente pasó a ser más grande que el rock. Muy a pesar de que existan personajes como Kendrick Lamar o Logic, ambos críticos sociales, revolucionarios de escritorio y de escenario. La realidad es que se trata de una industria. Y mucha atención, no estoy diciendo que esté mal, al contrario, si es un medio que te permite salir de la calle y superarte, voto por ello. Akapellah es el ejemplo más actual para hacer mención de lo que digo, si volteamos hacia Latinoamérica.
Este último comenzó a ser conocido en su natal Venezuela por los versos fríos, llenos de flow y sentido que tiraba mientras improvisaba. Se hizo de un nombre, comenzó a componer canciones con ese estilo callejero y después evolucionó, hoy en día lo vemos colaborando con Dj Khaled, haciendo trap y siendo un gordo funky.
Antes de él, en este terreno de la improvisación-evolución-música estuvo un sujeto llamado Hadrian, originario de México y ganador de la Red Bull Batalla de los Gallos 2008, en un caso similar se hizo de un nombre en la escena freestyle, empezó con letras crudas y hoy lo vemos siendo una figura que se mueve entre R&B, hip-hop jazz y trap por mencionar lo más representativo de su carrera.
A un tiempo similar también se levantó Mcklopedia, caso parecido, primero las rimas improvisadas y aunque este no ganó ninguna internacional es conocido por su perseverancia y por ahora componer canciones llenas de ritmo, flow y una métrica única.
Mientras que Hadrian fue primero competidor, ganador y después compositor, Mcklopedia fue competidor y luego compositor, él no ganó competencias internacionales, pero sí se hizo reconocido. Akapellah vino a cambiar ese rumbo porque él nunca compitió en Red Bull Batalla de los Gallos y por lo tanto tampoco ganó en tal competencia, sin embargo, sí se hizo conocido por improvisar, aunque pareciera que para él era más importante conseguir trofeos en la industria de la música.
Tal parece que Akapellah se convirtió en una referencia para todos los freestylers de habla hispana distribuidos en el mundo. Lo menciono porque Argentina, país que está sobrado de flow y de exponentes, se está convirtiendo en una potencia si de rimas se trata. Yo pondría en primer lugar a España, después Argentina, luego Chile y después México. El hecho de que Aczino sea el máximo representante de esta cultura del freestyle no significa que en su país se cuente con ese nivel.
Continuando, después de El Quinto Escalón quedó un vacío en las competencias de plaza y en su resurgimiento, ya no en Argentina, sino en otros países, comenzaron a vislumbrarse ligas como El club de la pelea en México y DEM Battles (Dame Ese Micrófono) en Chile. Esto es otro punto importante para considerar, hay competidores actuales que ya no buscan participar en la RBBDLG, como Teorema, por ejemplo. O también los hay que no precisamente buscan ganar, Dani (Argentina) ha sido muy constante en su discurso de no interesarle seguir compitiendo, su tirada ahora es la música y de la misma forma en que Kodigo, Ecko, Duki, Paulo Londra o Lit Killah, solo por mencionar algunos, se retiraron para luchar en el terreno de la música, nadie puede negar que tienen las habilidades, el carisma y la actitud para triunfar haciendo lo que les plazca, a diferencia de muchos que les critican por usar el freestyle como un trampolín que los lleva a la fama, yo creo que simplemente están construyendo su propio camino.
Comencé mi reflexión diciendo que las batallas surgieron para cubrir una necesidad y ahora voy a aclarar por qué. De la misma forma en que el hip-hop sirve como catarsis ya sea escribiendo letras,
componiendo beats, moviendo el cuerpo o deslizando un aerosol sobre la pared, el freestyle ayuda a manifestar en el escenario esa furia interna, el coraje por ganar, por demostrar quién es mejor, pero todo con respeto. Muchas veces, los competidores que vemos muy seguros en el escenario, tienen problemas económicos o familiares que les impiden una mejor condición de vida, y salir a improvisar es el medio que les otorga alivio, remuneración económica, un trabajo, una solución a los múltiples y diversos problemas que puedan enfrentar. Las batallas de freestyle son eso, una vía que entre otras cosas te permite salir adelante.
Resulta increíble que después de una batalla donde se insultan, se escupen versos, se atacan con sus propios estilos y pareciera que se van a golpear, cuando bajan del escenario o termina la competencia, se dan la mano, se abrazan, agradecen al público, conviven de una manera en que lo harían cotidianamente, comen, juegan, se conocen.
Como fanático del movimiento Freestyle, llevo muchos años escuchando y viendo batallas, de hecho, es uno de mis pasatiempos favoritos, así que en varias ocasiones amigos y familiares me han mencionado algún comentario como «¿oye y no se enojan de que le insulte a la mamá?», «¿Apoco no se pelean cuando termina el evento?»Para mí es un orgullo decir que no sucede, honestamente como seres humanos que somos y
observando un poco la historia, con echar la mirada al pasado podemos ver los daños que causaron las guerras mundiales a consecuencia de la soberbia del hombre. Me gusta el rap y me encanta el Freestyle porque siento que es una forma de mantener vivo el Hip-Hop, que puede generar lazos, unir países, crear puentes entre personas y estrechar alianzas. Me gusta porque es un medio a través del cual te puedes expresar y no sentirte culpable por decir lo que piensas, porque puedes insultar, pero todo queda dentro del espectáculo, porque puedes herir y no precisamente tiene que correr sangre, al contrario, una vez finalizado el evento ofreces respeto y eso provoca un cambio radical a nuestra necesidad de demostrar quién es mejor, o quién tiene más poder.
Creo que ese es o debería ser el principal componente para la deconstrucción que está viviendo el género Hip-Hop desde las batallas de freestyle, me atrevo a nombrarlo como el quinto elemento, el Respeto.
Yo soy mexicano y hace poco se presentó la edición de Línea 16 2018, donde lo más llamativo del evento fue la pelea entre el Grave y Muelas, y la participación de un público pésimo que aplaude este tipo de cosas, pero si Joaquín Sabina insulta el rap, salen como soldados a defender algo que ofenden desde su propia manera de vivirlo. Rechazo por completo la actitud de Dtoke contra Stigma o más recientemente contra Cacha en Juventud Urbana, creo que hay otras maneras de resolver los problemas y que no tienen que llevarse al escenario porque detrás de ellos hay muchos seguidores, en su mayoría jóvenes, que los toman como ejemplo y por lo tanto manifestar violencia va a provocar más violencia.
Creo que el rap o Hip-Hop no termina de entenderse por completo y tal vez no suceda, cada persona tiene una opinión y justificación diferente para actuar y pensar en cuanto al movimiento, pero estoy seguro de que en algo debemos coincidir más allá de fronteras o banderas, el respeto es la base para construir una hermandad que sea difícil de tirar. Respeto a nuestras culturas, costumbres, vocablos, muletillas, a nuestras personas, a nosotros mismos.

Artículo redactado por Alberto Ginez Espinoza, miembro de la Urban Roosters Army

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